Cómo empezó
Todo empezó en el diseño de modas, donde aprendí a pensar con las manos: telas, formas, texturas.
Después vino una etapa que me marcó profundamente: viajar con marionetas y teatro callejero. Llevé historias de pueblo en pueblo, armé y desarmé escenarios, dormí en lugares nuevos cada semana. Ahí aprendí que el arte también es comunidad, que se construye entre varias manos y se comparte en la calle, sin filtros.
De ahí salté al arteterapia en Australia, donde entendí que el arte no solo se mira, también sana y se convirtió en mi herramienta para acompañar a otras personas en sus propios procesos.